Reflexiones Cortas

Lo de menos… el Coronavirus

¿Listo para el cambio? el virus es el menor de tus problemas actuales.

Quiero comenzar esta entrada con un cita de Alvin Toffler: “Los analfabetas del siglo XXI no serán aquellos que no sepan leer y escribir, si no aquellos que no sepan aprender, desaprender y reaprender”.

Nadie puede decir que no hemos tenido advertencias que nos gritaban que algo estaba por ocurrir: Extinción de especies vegetales y animales, derretimiento de los polos, hambrunas, sequías, terremotos, huracanes, olas gigantescas, inundaciones, seres humanos desplazados de sus hogares, cambio climático, incendios de grandes proporciones, destrucción de la capa de ozono, y la lista puede alargarse un poco más.

Así como después de 28 años de bloqueo, el famoso y temible Muro de Berlín inició un proceso de quiebre, no solo de fronteras entre las dos Alemanias del año 1989, sino de lo que se conocía como Comunismo, provocando finalmente una desvinculación de los gobiernos de los países socialistas en Europa de la influencia soviética, haciendo ver la estafa de dicho modelo económico. Así también el modelo económico tal y como lo conocemos hoy, tenía que caer un día, y ese día llegó.

El sistema capitalista y la economía están colapsando sin que absolutamente nadie pueda hacer algo para detener esa caída, si no me creen pregúntenle a los países petroleros si se imaginaban que el precio del barril del crudo tomaría valores negativos. Así como el cacao dejó de ser un método de intercambio económico, así como al principio de los setentas el patrón oro dejó de ser respaldo en la economía, y en su lugar el dólar norteamericano inició su apogeo como divisa internacional, hoy después de casi cinco décadas, todos somos testigos de la culminación del sistema económico como lo conocemos.

¿Qué hay a partir de este momento en materia económica? No creo que alguien pueda contestar esa pregunta de una manera clara y contundente. La reinante actual es la incertidumbre, y debemos aceptarlo y vivir con esa realidad. Al mismo tiempo somos atestiguares de una profunda pérdida de valores, donde la responsabilidad, el respeto, la integridad, la honestidad, el compromiso o la confianza se han vuelto palabras con significados ambiguos y relativos para cada ser humano, y que los políticos y muchas esferas sociales se han aprovechado para hacer lo malo diciendo que están haciendo lo bueno.

Viendo todo esto es imperativo una pregunta: ¿Todo lo que está pasando frente a nuestros ojos es realmente necesario? Aunque me duela admitirlo tendré que decir que si, si era necesario para un despertar de nuestra conciencia como seres humanos. Estamos presenciando un cambio de era, estamos dejando un paradigma para caer en otro. Todo lo que parecía cotidiano y común está dejando de serlo. Estamos ante un antes y después del mundo tal y cual lo conocíamos. Así como el atentado a las Torres Gemelas en septiembre de 2001 cambió la seguridad y los controles migratorios en los aeropuertos para siempre, así esta pandemia cambiará el mundo para siempre.

¿Qué está pasando? Millones de personas estamos encerrados en la casa, obedientes a las normas de sanidad para hacer frente al Covid-19. Dentro de unas semanas o meses, esta situación estará seguramente “controlada”, sin antes dejar miles de muertos, empresas quebradas, familias destruidas, y países en colapso social y económico. Sin embargo después de todo este sufrimiento, empezaremos la tan añorada reconstrucción, como quién ha salido de una guerra. No se equivocaba Angela Merkel al decir que Alemania esta enfrentando la peor crisis después de la Segunda Guerra Mundial. Así el mundo entero, el cual está absorbiendo esta nueva realidad donde nada volverá a ser como antes.

¿Qué nos toca a todos? Sencillo pero desafiante: tener la capacidad de sobreponerse a momentos críticos y adaptarse ante situaciones inusuales e inesperadas. Debemos tener la aptitud de recuperarnos frente a la adversidad. Debemos capitalizar esta experiencia trágica y desarrollar muchas oportunidades que antes desconocíamos. A esto se le llama Resiliencia. Es una palabra que DEBE ponerse de moda, y más que de moda, debe convertirse en un estilo de vida. Si queremos salir adelante debemos ser resilientes, no hay de otra.

No nos preguntemos ¿por qué ocurrió esto de la pandemia? Si no mas bien ¿Para qué ocurrió todo esto? Casi nada cambia antes que se vuelva insoportable. Hoy es momento de desarrollarnos, de cambiar para mejorar, de evolucionar para bien.

Tengamos un momento para conocernos mejor nosotros mismos, sanemos viejas heridas y cuestionémonos en qué creemos. Destruyamos el grandísimo y destructivo EGO que con la ayuda de las redes sociales hemos construido a base de mostrar pierna, extravagancias y dinero. Es momento de conectar con nuestro Creador, con Dios. Ya de una vez por todas abramos los ojos y estemos convencidos que somos seres espirituales peregrinos aquí en la tierra, que hay más después de la muerte. Es de vida y muerte entender esta realidad.

Cultivemos la autoestima, la inteligencia emocional, y dejemos de ser zombis sociales alterados por doquier viento de manipulación. Seamos dueños de nuestros pensamientos, de nuestras ideas, dejemos de pensar sobre ruedas y pongamos unos buenos cuadros en su lugar. Urge que salgamos de nuestra zona de confort. Convirtámonos en personas de propósitos con actitud emprendedora. Tenemos que desarrollar nuestra marca personal, desaprender y volver a aprender y hacer algo diferente. Tenemos que aprender a aprender.

Como nos hemos dado cuento en estos días, el virus nos ha hecho acelerar en algunas acciones que estaban un tanto rezagadas y nos negábamos a apresurar, como las reuniones virtuales, a trabajar en casa, a la educación a distancia, a las compras por teléfono o internet. Sea como sea estamos aprovechando aun más los recursos que ya teníamos, y esto nos posibilita a realizar otras actividades.

Cuando abramos la puerta de nuestra casa y podamos salir a disfrutar del mar con la familia, nos encontraremos con un mundo completamente diferente. Vamos a poder lamentarnos o reinventarnos, a estar rezagados o cambiar y rediseñarnos para crecer.

Aprovechemos estos días que nos quedan de encierro para reflexionar, evaluarnos, hacer un estudio interior y empezar a cambiar. ¿Qué puedo ofrecer y que genere valor? ¿Para qué soy bueno? ¿Qué puedo hacer mejor? ¿Qué propósito tengo en esta vida? ¿Qué talentos tengo que no he desarrollado?

Sé que todos de ahora en adelante tendremos más cuidado de nuestra higiene, tener alcohol gel a la mano, lavarnos las manos antes de comer o tocarnos la cara, sin embargo, ¿qué hay de la higiene mental? ¿Qué hay de mi higiene verbal? ¿Y la higiene de mis actos? Saquemos el mayor provecho a esta crisis. Acércate a Dios por medio de Jesucristo y conviértete en la persona que Él siempre ha querido que seas, ahora es el tiempo.

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