Reflexiones Cortas

La clave para minimizar el daño

Al no ser capaces de aceptar la responsabilidad de sus actos por el temor a ser juzgados, las personas recurren al orgullo, la soberbia, la terquedad y el acusar a otros para ocultar los errores que cometen en la vida. Esto ha producido muchos mentirosos y manipuladores en la sociedad... sigue leyendo.

“Errar es de humanos” dicen por muchos lados. Es una frase muy común y acarrea una gran verdad la cual es que todos nos podemos, y nos debemos, equivocar. Solo errando es como finalmente damos en el blanco y aprendemos. Las cosas rara vez salen bien a la primera.
Está claro que todos nos equivocamos y es maravillosamente una verdad que nadie puede refutar en este mundo lleno de tanta relatividad. Sin embargo, a pesar que todos “metemos la pata”, no todos lo aceptamos, y ese detalle hace una gran diferencia.
Debemos entender que los errores son necesarios para progresar, y es inevitable equivocarse cuando recorremos el camino a nuestras metas.

Parece que en nuestras sociedades, sobretodo las latinas, el equivocarse o cometer errores no es bien visto y mucho menos tolerable. Vivimos en el “buscar culpables” y luego la solución, y esto conlleva a que muchos no seamos honestos cuando no hacemos las cosas bien.
Antes de avanzar quisiera dejar algo en claro: una cosa es equivocarse y enmendar y otra cosa muy diferente es cometer el mismo error repetidamente en la misma actividad. La primera situación es parte del aprendizaje y desarrollo, la segunda es un actuar necio, negligente, terco y orgulloso.
Teniendo claro lo anterior prosigo. Pareciera que algunas sociedades no tienen la suficiente madurez como para aceptar errores en los demás, algo tan natural del vivir humano.

Al no ser capaces de aceptar la responsabilidad de sus actos por el temor a ser juzgados, las personas recurren al orgullo, la soberbia, la terquedad y el acusar a otros para ocultar los errores que cometen en la vida. Esto ha producido muchos mentirosos y manipuladores en la sociedad. Vemos hijos que les mienten a los padres y viceversa, vemos empleados que tratan de manipular a sus jefes, vemos políticos que engañan al pueblo con juegos de palabras, y vemos alumnos tratando de sorprender a sus profesores. A la larga todo esto forma un círculo vicioso porque nadie “quiere dar su brazo a torcer”, todos quieren tener razón, y todos buscan “salirse con la suya” y no verse débiles ante los demás aceptando los errores cometidos.

La humildad es necesaria para tener el coraje de decir “me equivoqué, es culpa mía y no del vecino”. La humildad también hace falta al que le perjudica el error, para no juzgar apresuradamente y reconocer que él también puede equivocarse igual o más que el que cometió el error, y que la mejor manera de solucionar es aprender del descalabro, enmendar y seguir adelante.

Sueño con ese día en que un político se levante y diga con toda la madurez “me equivoqué, me disculpo, necesito la ayuda de otras personas para poder corregir y continuar el desarrollo del país”. También sueño con una sociedad que diga “nosotros somos parte de los problemas y debemos corregir para progresar juntos y cambiar el país”.
Si todos practicáramos la humildad nuestra vida fuera diferente, nuestro vecindario fuera diferente, nuestro país fuera diferente, es mas, el mundo entero fuera diferente. Practiquemos la humildad desde hoy, aceptemos los errores y corrijamos y caminemos hacia el progreso.
La humildad es la clave para minimizar el daño a la humanidad. No hay otro camino de reconciliación, no hay otro camino al desarrollo, seamos humildes.

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