Reflexiones Cortas

El quebradero de cabeza de las relaciones personales

Las relaciones personales están repletas de asombros y dolores. Pueden ser tan dolorosas como el matrimonio al borde del divorcio, como los padres que intentan pero no pueden comunicarse con sus hijos, como cuando un hijo es amenazado con las crueles vivencias del maltrato, o como una amiga se siente completamente desolada y traicionada y no quiere volver a confiar en nadie mas en su vida... Sigue leyendo.

Todos sabemos que las relaciones personales son, por mucho, complicadas y dolorosas. También sabemos que las relaciones personales son extraordinariamente maravillosas. Ambas son premisas ciertas y nos guste o no, estamos sumidos viviendo a diario en el drama presente entre esas dos verdades.

Las relaciones personales están repletas de asombros y dolores. Pueden ser tan dolorosas como el matrimonio al borde del divorcio, como los padres que intentan pero no pueden comunicarse con sus hijos, como cuando un hijo es amenazado con las crueles vivencias del maltrato, o como una amiga se siente completamente desolada y traicionada y no quiere volver a confiar en nadie mas en su vida.

Pero de igual manera quedamos impactados cuando vemos maravillas como la restauración de un matrimonio que todos daban por perdido, como cuando las amistades se convierten en el cimiento firme de una vida, o como cuando una familia se une en el momento de mayor tormento como la enfermedad o la escasez.

¿Cómo salimos avante ante la dinámica de las relaciones? Cuando tenemos un problema con el carro recurrimos al mecánico, cuando nos duele una muela vamos al odontólogo, cuando necesitamos un escrito legal vamos donde nuestro abogado; pero ¿A qué experto recurrimos cuando queremos manejar las relaciones personales? ¿Quién tiene la asombrosa sabiduría de tener tino en todas las relaciones personales? La respuesta es sencilla: Jesús. Al leer los evangelios nos damos cuenta la manera completamente diferente que tenía Jesús de manejar las relaciones personales.

¿Quién de nosotros en su sano juicio hubiera reprendido a Pedro por falta de fe instantes después que él (Pedro) caminara sobre el agua? ¿Quién consideraría “cristiano” llamar víboras a otros? ¿Cuántos no hubiéramos dicho “culpable” a la mujer adúltera? Mi punto es que Jesús tenía una manera diferente de relacionarse con las personas. Tenemos que aprender de Él.

Cuando a Jesús le preguntó un escriba cuál es el primer mandamiento, Él respondió: “Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que estos” (Marcos 12:29-31).

Es fácil deducirlo: Nada es más importante que las relaciones personales, y estas deben ser nuestra prioridad en la vida. Sin embargo es tan difícil perder el enfoque por nuestro orden de prioridades en esta vida, y más cuando estas usurpan el trono de nuestra atención. Todos hemos caído en esta situación muchas veces. Después de esto hago una pregunta muy incómoda: ¿Estamos haciendo lo más importante?

Jesús valora nuestra relación con Dios, así como también valora las relaciones de los unos con los otros, porque para Él, NADA es más importante que las relaciones personales. Son estas de las pocas cosas que tienen un valor eterno.

Si tuviéramos el suficiente tiempo para hacer todas las cosas, no tendrían razón de ser las prioridades, sin embargo sabemos que el tiempo es escaso y no podemos emprender todo lo que deseamos, por ende tenemos que escoger, tenemos que tomar decisiones en qué prioridades ocuparnos.

Cuando tratamos de restarle importancia a lo que es en verdad lo más importante (las relaciones), tal cosa solo nos causa más confusión. Podemos decidir no relacionarnos con Dios y con los demás, sin embargo tendríamos un vacío por vida. Una vida sin relaciones personales tal vez sea una vida mas sencilla, pero también es una vida vacía.

Asignemos el mas alto valor a las relaciones personales. Nos costará darle vuelta al “cassette”, será un reto “cambiar el chip”, pero poco a poco lo podemos hacer.

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