sermones

Repón tus Reservas de Energía

¿exhausto, sobrecargado, agenda llena, ansioso, insatisfecho, aislado?

Lucas 10: “40Pero Marta se preocupaba con muchos quehaceres, y acercándose, dijo: Señor, ¿no te da cuidado que mi hermana me deje servir sola? Dile, pues, que me ayude”.

He notado que ya sea hablando con compañeros de trabajo, con vecinos, con familiares, con amigos de infancia, con jóvenes, con ancianos, con gente con muchas posibilidades económicas, gente con pocos recursos económicos, con profesionales, con gente sin estudios, con gente que le va a la derecha, o con gente que le va a la izquierda, con gente que trabaja o que no hace nada, con gente casada, con gente soltera o divorciada, todos utilizan las palabras: exhausto, sobrecargado, agenda llena, ansioso, insatisfecho, aislado.

Es alarmante, hoy hasta los niños están estresados. Como seguidores de Cristo necesitamos encarar esta situación. No es posible que el estrés, el agotamiento y la insatisfacción nos ganen la partida. Sé que esto le suena a usted, porque realmente me pega a mí en el mero corazón.

Creanme, estoy totalmente interesado en entender las preocupaciones que dejan a la gente sintiéndose aislada, sobrecargada y exhausta. Entre más vueltas le doy a estas razones, la palabra que resuena es “simplificar”. ¿Cómo simplificamos nuestras vidas? Sé mucho de estar agobiado, con una agenda a reventar y agotado. Creo que el estar hablando de estos puntos soy mucho más alumno que profesor.

Los que están cerca de mi saben que por naturaleza no me siento inclinado a llevar una vida simple. Soy una persona acostumbrada a resolver problemas constantemente, acostumbrada a interactuar con un sin fin de personas en ambientes adversos, con un manjar de temas en los cuales saborear un gran abanico de problemáticas.

Una vida simplificada no va solo de hacer menos cosas. Es ser quien Dios nos ha llamado a ser, concentrados de todo corazón y con un solo propósito. Es alejarte de las innumerables oportunidades menores y encausarte en la búsqueda de las pocas a las que hemos sido llamados y para las que hemos sido creados. Es un estilo de vida que nos permite, cuando ponemos la cabeza sobre la almohada, estar agradecidos porque nuestro día ha estado debidamente invertido y las responsabilidades de nuestras vidas están en orden.

Si no cambiamos cómo vivimos, nuestro complejo mundo parecerá poco a poco aterradoramente normal. Nos acostumbraremos a vivir a una velocidad excesiva, quitándonos la capacidad de ver la diferencia entre lo importante y lo insustancial. Y justamente esto es lo peligroso de vivir a máxima velocidad: cuando malgastamos nuestra vida única y exclusiva en hacer cosas que realmente no importan, sacrificamos las cosas que importan. Hay un alto costo que pagar cuando nuestra vida pierde el control.

¿Qué pasara si tu vida fuera diferente? ¿Qué ocurriría si tuvieras la certeza de estar viviendo la vida a la que Dios te llamó y estuvieras construyendo un legado para los que amas?

Si anhelas una vida más sencilla anclada en las prioridades más importantes, respira profundo: una vida simplificada requiere algo más que simplemente organizar tu casa o limpiar la habitación. Precisa que ordenes tu alma. Puedes dejar de hacer cosas que no importan y construir tu vida sobre las que sí lo hacen.

Juan 10: 10 “10El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia”. Jesús promete una vida en abundancia, pero nosotros parecemos obstinados en echar a perdernos la vida. No hay atajos para una vida simplificada. Desenredarte de la maraña complicada y desgastante de tu vida actual no es para gente débil y cobarde. Es un trabajo honesto y riguroso, lo que necesita es ACCIÓN.

De todas las personas con las que Jesús interactuó en Su ministerio didáctico de tres años, la Biblia registra solo una persona a la que Él reorientó en el área de la simplicidad: una buena amiga suya, una mujer llamada Marta. El círculo estrecho de Jesús estaban sus discípulos Pedro, Santiago y Juan; pero habían otros tres: María, Marta y Lázaro, unos hermanos que eran fieles respaldos de Su ministerio. Vivían en una pequeña aldea a las afueras de Jerusalén llamada Betania, que todavía existe.

Cuanto más enseñaba, más gente quería cosas de Jesús: más sanaciones, más milagros, más de cualquier cosa que Él pudiera dar. Sus días cada vez estaban más ocupados. De vez en cuando Jesús pedía un descanso donde podía relajarse durante un par de días y recargar las pilas en compañía de Sus amigos más cercanos. Lucas 10: “38Aconteció que yendo de camino, entró en una aldea; y una mujer llamada Marta le recibió en su casa. 39Esta tenía una hermana que se llamaba María, la cual, sentándose a los pies de Jesús, oía su palabra. 40Pero Marta se preocupaba con muchos quehaceres, y acercándose, dijo: Señor, ¿no te da cuidado que mi hermana me deje servir sola? Dile, pues, que me ayude. 41Respondiendo Jesús, le dijo: Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas. 42Pero solo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada”.

Marta estaba ajetreada en la cocina preparando de comer. Está tratando de cumplir con vehemencia el papel de anfitriona hospedadora, atendiendo las necesidades físicas de Jesús y Sus discípulos: entremeses, agua, refrescos. Mientras comienza a ver a María que simplemente está pasando el rato en la otra sala con Jesús, poniéndose al día de los últimos eventos.

Viendo Marta que nada cambia, pega el salto. Pierde los estribos. Está enojada, irritada. Pueda que María no se había dado cuenta o que si había elegido ignorar las señales y miradas que Marta le hacía para que le ayudara. Cansada Marta de estar ella sola haciendo todo, irrumpe en la sala y se dirige a Jesús directamente con una salva de apertura: “Señor, ¿no te importa?”.

¡Qué ironía preguntarle al Señor del universo “¿No te importa?”! Aquel que ha dejado todo para adoptar la carne humana y descender a la Palestina del siglo primero; quien ha dedicado su último tiempo a enseñar, a sanar y servir a los demás hasta quedarse absolutamente exhausto; y quien además muy pronto sufriría el peor castigo que un hombre puede tener, separarse de Dios. Estaba Marta ordenándole a Jesús que le diga a la vaga de su hermana que le ayudase en la cocina. ¿Qué hubiera hecho usted en lugar de Jesús? yo seguramente calcino en ese preciso momento a Marta. Sin embargo Jesús no intensifica el conflicto. No se enciende con Marta. Sólo pronuncia su nombre dos veces, como quien dice: “relájate, respira un poco, cómete un snikers”. Con genuina amabilidad hace una observación: “Afanada y turbada estás con muchas cosas”. Jesús le decía que estaba haciendo de Su visita mucho más complicada de lo que desearía.

Es probable que Jesús pusiera algunas cosas claras, aprovechando el momento para enseñarles a todos los presentes: “Marta, ¿puedo simplificarte algo? Siempre que vengo de visita a tu casa, no es por la comida. Si quisiera un plato de comida riquísimo, organizaría el evento: acabo de alimentar a cinco mil personas hace unos días. ¿Sabes? una vez hice el más sabroso de los vinos para una boda. Puedo hacer comida y bebida en cualquier lugar, y cuando quiera. Cuando te vengo a visitar, es por amistad, por vinculación, para estar con ustedes. Vengo aquí para una cita que dé e intercambie vida, por amistad, por compañerismo. Eso es todo, simple”.

Jesús le dice a Marta algo que hasta el día de hoy necesito que me lo recuerden todos los días: “Sólo una cosa es necesaria”. Marta se estaba perdiendo lo que importaba más; sin embargo su hermana no. María lo tenía. Jesús le dijo: “María ha escogido la mejor parte, y no se la voy a quitar”. No la mandaré a la cocina a hacer montón de cosas que realmente no importan.

Tu corazón y el mío anhelan un antídoto para toda la impulsividad y las ocupaciones de nuestras vidas. La medicina no es dejarlo todo hecho en la cocina (o en la oficina, o en el centro comercial). El antídoto es dejar esas cosas, a veces sin hacer, para sentarse a tener una conversación sin prisas con Jesús. Es fascinante que el evangelio de Lucas yuxtaponga la historia de María y Marta con la parábola del buen samaritano. Lucas 10:25-37. Justo después de enseñar a sus seguidores a ser activos y a ayudar a aquellos en necesidad, Jesús toca una nota diferente en respuesta al activismo de Marta: “En toda tu actividad, no pierdas de vista las relaciones”. Sin prisas, sin apuros. Jesús nos dice, sentémonos y sumerjámonos el uno en el otro.

Realmente necesitamos que Dios quite las escamas de nuestros ojos para mirar el pozo negro de resentimiento, agotamiento e insatisfacción que llena nuestros corazones. Cuando veamos en lo que nos hemos convertido, le pediremos ayuda a Dios de una manera desesperada. Debemos darnos cuenta del precio del agotamiento.

Sé que en el proceso de simplificar nuestra vida defraudaremos a muchas personas cuando ellos nos pidan que hagamos cosas por ellos y nosotros deber decirles que “no”, que “no podemos”.

El agotamiento perjudica a la gente que tenemos alrededor, y daña el alma. Si decides vivir con más reservas de energía en tu vida, sin duda decepcionarás a algunas personas. Pero realmente tienes que luchar por mantener tu vida regenerada. Nadie más puede llenar tu depósito. Te toca a ti proteger tus reservas de energía y tus prioridades.

Cuando estás agotado puede suceder violencia familiar, vicios como el alcoholismo, desorientaciones, enfermedades, desequilibrios económicos y decisiones locas e irresponsables en la vida. El agotamiento puede ser costoso.

El camino hacia la simplicidad no es para débiles, es un proceso que requiere honestidad. ¿Cuán agotado estás? Jesús le dijo a su amiga Marta que su única esperanza era acercar una silla, desconectarse de todos los asuntos y comenzar una conversación con el único que podía restaurar su angustiado corazón, asentar su espíritu y encausarla de nuevo hacia el verdadero norte.

¿Cómo relleno mis reservas de energía?

  1. Primero conectarse con Dios. Debemos estar firmemente agarrados de Dios. Estar bien y en sintonía con Dios, caminando cerca de Él, simplifica mi vida. Escucha sus susurros.
  2. Un segundo regenerador es la familia. La familia no puede ser una carga, debe ser una bendición de Dios. No podemos estar demasiado ocupados para nuestros hijos, nuestras parejas y nuestra querida familia. Las relaciones familiares requieren mucha intencionalidad. Haz las pases con tu familia, habla con tus hijos, se la mamá o el papá que Dios quiere que seas. Sé el hijo que Él quiere que seas.
  3. Otro tercer punto para regenerarte es tener un trabajo satisfactorio. La vida es corta. Si tu trabajo te roba la vida día tras día, nunca serás capaz de mantener lleno tu tanque de energía. Eclesiastés 5: “18He aquí, pues, el bien que yo he visto: que lo bueno es comer y beber, y gozar uno del bien de todo su trabajo con que se fatiga debajo del sol, todos los días de su vida que Dios le ha dado; porque esta es su parte”. Debemos pedir ayuda a Dios a cambiar nuestra actitud frente al trabajo actual o para que nuestro trabajo cambie. Si tu trabajo te consume una y otra vez, quizá no estés en la vocación adecuada. Comienza pidiéndole a Dios que te dirija a una vocación que traiga la provisión que necesitas y que también llene tu balde de energía.
  4. El cuarto regenerador es un área que genera controversia y muchos no lo entienden. Sin embargo es una realidad: Dios quiere que recrees la energía y la vitalidad para que tengas mucha que ofrecer a los demás. Sé que a muchos les chocará ver en Instagram que estoy en el mar, mientras muchos están trabajando en la obra de Dios. Sin embargo debemos comprender que la recreación significa re-crear la energía y la vitalidad para que tengas mucha que ofrecer a los demás. ¿Qué te llena? ¿Leer, cocinar, jardinería, escribir, dibujar, irte a acampar, coleccionar algo, jugar un deporte? Necesitas encontrar algo que re-cree tu energía y tu vitalidad, y debes adoptarlo como una fuente regular de regeneración en tu vida. Mateo 14: “13Oyéndolo Jesús, se apartó de allí en una barca a un lugar desierto y apartado; y cuando la gente lo oyó, le siguió a pie desde las ciudades”.
  5. La actividad reponedora final que llena nuestro balde de energía es el ejercicio. A mí me cuesta, creo que se nota, pero es una de las áreas que estoy consciente que debo mejorar. Si no nos motiva hacer ejercicio por la salud física, hagámoslo como un modo simple y efectivo de incrementar la energía, y con ello la calidad de vida en general. Debemos acostarnos temprano, y levantarnos temprano.

Aprende cómo llenar tu tanque y lo más difícil, mantenerlo lleno. Dios te creó para vivir tu vida con las reservas de energía llenas hasta los topes.

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