sermones

Domina tus Finanzas


Lucas 19. “8Entonces Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado”.

Hoy mas que nunca el estrés económico tiene el poder de arrojar nuestras vidas al caos. El estar mal en nuestra economía nos deja prácticamente a la deriva frente a un dolor tan agudo y tan singular que es inexplicable. ¿Cuántos no hemos tenido miedo a contestar el teléfono o atender la puerta? ¿Cuántos hemos tenido pavor al abrir un sobre, o leer un correo electrónico por miedo a enfrentarnos a un cobro? ¿Qué tal el embargo de tu casa o de alguna pertenencia? Aunque estemos completamente llenos de energía, o lo bien planificados que estemos en la agenda, una vida caótica económicamente dará como resultado un disgusto acoso y asedio.

Cuando las deudas nos ahogan, nos vemos abrumados rápidamente. No hay modo de simplificar nuestra vida si la relación con el dinero está fuera de control.

¿Por qué tocar el tema económico? Quítese de la cabeza que lo que busco es lograr que ustedes den dinero a la iglesia. Lamentablemente hay muchos predicadores que lo único que buscan es el beneficio económico.

Al observar tantos versículos que abordan el tema del dinero, resulta obvio que a Dios le interesa nuestra salud financiera. Jesús habló sobre el dinero y su administración en sus parábolas. Es por esta razón que hoy traigo este tema a colación, y me alegra mucho el pensar que este mensaje puede hacer que un cristiano tenga una mejor relación con sus finanzas, y realmente simplificar posteriormente su vida. El estar económicamente ordenado y dejar a la guía de Dios las finanzas, genera paz a los corazones de las personas. Aquí no estoy hablando de ser rico o ser pobre, estoy hablando de manejar bien los ingresos que se perciben. He experimentado esa paz en mi propia vida, y también la quiero para ti.

Analicemos la vida de un hombre que tenía un serio problema con el dinero, y que lo iba llenando de culpa y vergüenza. Lucas 19. “1Habiendo entrado Jesús en Jericó, iba pasando por la ciudad. 2Y sucedió que un varón llamado Zaqueo, que era jefe de los publicanos, y rico, 3procuraba ver quién era Jesús; pero no podía a causa de la multitud, pues era pequeño de estatura. 4Y corriendo delante, subió a un árbol sicómoro para verle; porque había de pasar por allí. 5Cuando Jesús llegó a aquel lugar, mirando hacia arriba, le vio, y le dijo: Zaqueo, date prisa, desciende, porque hoy es necesario que pose yo en tu casa. 6Entonces él descendió aprisa, y le recibió gozoso. 7Al ver esto, todos murmuraban, diciendo que había entrado a posar con un hombre pecador. 8Entonces Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado. 9Jesús le dijo: Hoy ha venido la salvación a esta casa; por cuanto él también es hijo de Abraham. 10Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido”. Si desde pequeño asististe a la iglesia, seguramente te recuerdas haber oído el nombre Zaqueo. Yo recuerdo que hasta una canción hay sobre este encuentro entre Jesús y Zaqueo. Al ver el relato de Lucas, me llamó la atención unos detalles que por años había pasado por alto sobre esta historia. El trasfondo emocional de su desordenada vida se abrió paso entre las grietas cuando se encontró con Jesús.

El doctor Lucas nos hace ver que Zaqueo era corto de estatura, y tuvo que subirse a un árbol para poder ver a Jesús. Parece muy sencillo y humilde este hombre, ¿verdad? Te hago esta pregunta: ¿Qué llevaría a un hombre rico al extremo de sacrificar su dignidad al subirse la túnica y trepar a un árbol en pleno día y con una multitud a su alrededor? ¿Por qué estaba tan desesperado en ver a Jesús?

En aquel tiempo casi en todo Palestina se había escuchado de Jesús por sus milagros. En los últimos dos años había sanado gente, echado fuera demonios, alimentar a miles con casi nada, y había convertido agua en el mejor vino del mundo. Pueda que Zaqueo era admirador de Jesús y buscaba un autógrafo. Pero Zaqueo fue mas allá, no dudo hacer el ridículo al trepar de un árbol, lo cual es un tanto desesperado si lo razonamos. Mi interpretación es que Zaqueo quería más que ver a Jesús, necesitaba ayuda, y urgente. Pueda que los mensajes de Jesús sobre la gracia y el perdón habían generado cierta esperanza a un hombre con una gran carga de culpa por sus modos deshonestos. Zaqueo se había vuelto rico, pero descubrió que sus riquezas no le satisfacían. De hecho, era lo contrario. Su modo de vida obsesionado con el dinero le había atrapado y lo hacía sentir culpable.

Sobrepasado por el peso de su autoreproche, quizá Zaqueo se dio cuenta de que necesitaría algo mayor en su vida para liberarse de su esclavitud al dinero. Él necesitaba algo más poderoso que su propia fuerza.

Si tu verdadera situación financiera se colocara en una cartelera para que todos tus conocidos la vieran, ¿qué sentirías, paz o tormento?

Cuando Zaqueo se encontró con Jesús, lo que le hizo en un tiempo sentir orgulloso, ahora le avergonzaba. La Biblia no nos cuenta cómo se desarrollo aquella visita de Jesús en casa de Zaqueo, pero está claro que algo pasó en el corazón de Zaqueo que lo sacudió tremendamente. Su vida dio un cambio extremo, y por fin sometió el ídolo de su vida: su riqueza. Devolvió el cuádruple del dinero que había obtenido, y colmó a los pobres con la mitad de su riqueza. Era libre. Jesús posteriormente dijo “Ha llegado la salvación a esta casa”. Zaqueo se había reconciliado con Dios en lo espiritual y lo económico.

A lo largo de mi vida he visto más reconciliaciones espirituales con Cristo. Es así como lo puedo explicar después de ver las relaciones tan desordenadas, tormentosas y disfuncionales que tienen los seguidores de Cristo con el dinero.

Cuando Cristo te redimió, perdonó las deudas morales y tus ofensas. Obtuviste una reconciliación espiritual con Dios, y este es el cambio interior mas importante en la vida de cualquier cristiano. Pero si todavía no has experimentado una segunda reconciliación (en lo financiero) es probable que te hayas quedado corto.

¿Cómo sucede una reconciliación financiera con Dios? Hechos 16: “31Ellos dijeron: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa”. La palabra en todo esto es Creer. La reconciliación financiera es similar a la espiritual. Debes creer lo siguiente:

Todo lo que tengo viene de Dios.

Santiago 1. “17Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación”. Dios te ha dado todo lo que tienes, y te invita a administrar tus talentos, dones, educación, pertenencias y oportunidades para Sus propósitos en el mundo.

Vivo feliz con la provisión de Dios para mi vida.

El hombre siempre quiere más, mejores circunstancias, más abundancia, una vida más fácil, un mejor trabajo, una mejor casa, un mejor carro, hijos más inteligentes y un innumerable etcétera. Tener mas no aumenta nuestra felicidad. Siete de los diez primeros países más felices del mundo se encuentran en Latinoamérica, que por lo general ocupan puestos bajos en las cifras económicas. Filipenses 4. “11No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. 12Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. 13Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”. La deuda viene de querer más que la provisión actual de Dios para tu vida y rebuscarte por otros medios para conseguirlo. Se puede confiar realmente en que Dios provee. Él solo pide que confíes en Él viviendo bajo Su provisión.

Honro a Dios dando el diezmo de todas mis ganancias para Sus propósitos en el mundo.

Yo la verdad no tengo vela en este entierro. Proverbios 3. “9Honra a Jehová con tus bienes, Y con las primicias de todos tus frutos; 10Y serán llenos tus graneros con abundancia, Y tus lagares rebosarán de mosto”. Veamos también Malaquías 3. “10Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde”. Cumplir con el diezmo requiere de fe, que con un 10% menos la provisión de Dios será perfecta a nuestra vida. En el tiempo de la alabanza cantamos con lágrimas en nuestros ojos “Yo me rindo a Él”, pero cuando llega el momento, no rendimos nada, ni siquiera el diez por ciento. Es algo así como: “Dios me rindo a Tí, pero está lejos de mi dinero, que ese es mío”. Nos sometemos a Dios, pero con el dinero no te metas por favor. El que no diezma se está robando a sí mismo una de las cosas más maravillosas del cristianismo, que es la parte sobrenatural.

Aparto una porción de mis ingresos en un lugar aparte para emergencias, oportunidades de ofrenda y mis últimos años.

Proverbios 6. “6Ve a la hormiga, oh perezoso, Mira sus caminos, y sé sabio; 7La cual no teniendo capitán, Ni gobernador, ni señor, 8Prepara en el verano su comida, Y recoge en el tiempo de la siega su mantenimiento”.

Vivo a diario atento al cielo, dispuesto a responder cualquier susurro de Dios con respecto a mis recursos.

Cuando estás reconciliado espiritual y económicamente con Dios, tienes un asiento en primera fila para ver a Dios usando tus recursos. Y quiere que experimentes el privilegio de ver cómo tus recursos ayudan a otras personas. Fabuloso.

Amigo, nunca serás capaz de simplificar tu vida hasta que domines tus finanzas fuera de control. Nuestro Dios es experto en nuevos comienzos, segundas oportunidades, de nuevos días. Cuando le das el control de tu mundo financiero, estás tomando una decisión de gran importancia que puede cambiar destinos. Muy probablemente cambiará la vida de tu familia en las generaciones venideras. Para la locura financiera hoy. Pídele de todo corazón a Dios que te ayude a enderezar lo financiero. Es lo mejor estar reconciliado con Dios tanto en lo espiritual como en lo económico.

2020 Octubre 25. Domingo 7am, un sermón de Josué M Guzmán. Predicado en Misión Buenas Nuevas.

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