sermones

Deja Espacio para el Perdón

Indiferentemente la magnitud de la ofensa, la solución que más nos conviene y la ruta que nos ofrece verdadera paz y satisfacción es el perdón.

Lucas 23. “34Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”.

Es imposible, escúcheme bien, imposible que pueda vivir en este mundo sin ser agraviado. ¿Alguien puede levantar la mano que no haya sido agraviado? Todos hemos sido agraviados, lastimados, maltratados, perseguidos u ofendidos.

Muchas veces subestimamos el verdadero costo de un agravio. Pensamos que podemos seguir adelante en la vida sin que nos afecten las problemáticas y las fracturas con las personas que nos importan. Los fracasos relacionales nos debilitan, nos merman fuerzas. Estos eventos cautivan nuestra cabeza y corazón, y están sobre nosotros como una nube oscura llena de tormenta.

Hay personas que tienen un historial de relaciones rotas en la vida, que cuando tienen un malentendido o alguien sale herido, hacen poco o nada por arreglar las cosas. ¿Y qué dicen? Que resolver las cosas lleva demasiado tiempo y energía, sin embargo la huella en su camino es devastadora.

Es mucho mas eficiente, además que trae paz a la mente y satisfacción a la vida, sanar una ruptura relacional en vez de dejarla ignorada y evitarla. Es imposible vivir vidas simplificadas con relaciones rotas.

Siempre lo que hay dentro finalmente sale

Jesús es el experto número uno en relaciones rotas. Jesús, sufriendo sus últimos momentos de vida clavado en la cruz , ofrece palabras de reconciliación a todos lo que le acusaron injustamente y por detrimento le declararon culpable, es decir la gente que le estaba matando. Lucas 23. “34Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”. ¡Qué preciosa oración llena de bondad! No es muy larga, de hecho solo tiene ocho palabras. Estas pocas palabras han sacudido corazones de los que las leen.

Justo en el momento del agravio, Jesús perdonó a los que le agraviaron, a los que lo mataron. Debemos recordar que los verdugos romanos no eran precisamente los niños de un jardín infantil. No eran personas modelos de comportamiento y buenas costumbres. Eran soldados de un imperio despiadado, que tenían violencia en sus venas, rabia en sus corazones y que los volvía aptos para ser ejecutores perfectos. En otras palabras, eran asesinos de profesión, algo así como criminales legalizados que les encantaba su oficio. Estos matones blasfemos golpearon a Jesús hasta dejarlo irreconocible, para luego clavarle clavos en manos y pies. Y si esto fuera poco, luego echaron suerte por sus ropas, y ya en la cruz se burlaron. Con todo ese escenario, que debió ser mucho más crudo de lo que lo puedo describir, Jesús colgado en la cruz, luchando por respirar, ensangrentado lacerado, desnudo, herido y completamente expuesto, perdonó.

¿Qué clase de impacto tuvo la breve oración de Jesús en los espectadores? Marcos 15. “39Y el centurión que estaba frente a él, viendo que después de clamar había expirado así, dijo: Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios”. Y miren cómo después de unos años, el impacto de la oración lo reconocía Pablo en Romanos 5. “6Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos”. En algunas versiones dice “todavía éramos pecadores”. La oración que Jesús realizó mientras colgaba de la cruz dejó su marca en las bases de la fe cristiana. Cuando todavía éramos pecadores, en medio de nuestra tremenda transgresión a su humanidad, Jesús nos perdonó profundamente.

Vivimos en un mundo atestado de pecadores. De hecho yo soy uno de ellos, y un pecador en serie, repetitivo en ese accionar. Creo que igual que tú. Es natural en nosotros buscar estar delante de los demás, se nota al conducir un automóvil, sin embargo ese actuar causa daño a los que están a nuestro alrededor.

Responder a las ofensas

Ofensas menores

Hay ofensas que realmente son menores, donde el “agravio” no es más que un pequeño desliz, pero la parte ofendida perdiendo contacto completo con la realidad, se pone en modo “víctima”. A veces somos tan exagerados que queremos sentirnos modo “pobre criatura” con cualquier cosa, y andamos buscando un pretexto. Realmente deberíamos tener suficiente resistencia para no enojarnos o sulfurarnos cuando se nos crucen las irritaciones menores e insignificantes de la vida. 1 Corintios 13. “4El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; 5no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor;”. Este par de versículos exhorta a todo el que pregona ser seguidor de Cristo a que no seamos gente que “se enoje con facilidad”. Viviendo bajo la perpetua fuente de amor que es Dios, nuestros corazones deberían estar llenos de Su amabilidad, gracia y amor diarios que deberíamos tener suficiente paciencia y resistencia para no enojarnos por pequeñeces, por las injusticias de todos los días, los pequeños choques que suceden con la familia y amigos. De esta manera simplificamos la vida. No hagamos montañas de cosas infantiles. Déjalo ir. No te preocupes, puedes superarlo con facilidad, puedes perdonarlo fácilmente, puedes simplificar tu vida; aunque puedes hacer lo contrario y actuar como “víctima”, erigirte en tus “derechos” y hacer que todo el mundo sepa que te han ofendido. Es fácil permitir que la ira y el enfado salgan a la superficie. Si tienes la costumbre de ahogarte en un vaso de agua, averigua qué dispara tus reacciones desproporcionadas.

Heridas intermedias

Estos agravios son un tanto más complejos, ya que no son simples ofensas sin importancia, llevan consigo heridas justificadas que demandan una solución, una cura. En algún momento de nuestra vida caeremos en este tipo de ofensas irremediablemente, es parte de vivir en un mundo donde el pecado está presente.

A veces nos acercamos a alguien para contarle una dificultad de nuestra vida, y le pedimos en la confianza que guarde el secreto. Pero mas tardamos nosotros en decirle que sea prudente, que esa persona en tomar el celular y contarle a otra persona cercana a nosotros. ¿Nos molestamos? Tenemos una herida justificada, es una traición a todas luces, es más que una irritación menor. El que fue en un día un amigo de confianza se ha convertido ahora en la persona con la boca mas grande del mundo y nos ha comprometido con su falta de cordura y responsabilidad.

¿Qué merece el amigo con la bocaza del tamaño del océano? Es una pregunta legítima y encaja con el pensamiento común del mundo donde vivimos, al estilo del ojo por ojo del AT donde los ofensores merecen un castigo ¿verdad? Éxodo 21. 24ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie, 25quemadura por quemadura, herida por herida, golpe por golpe”. Lo malo de este pensamiento es que no da una satisfacción duradera y absoluta como el agraviado se imagina que recibirá. Centrar nuestros esfuerzos en una venganza definitivamente no es parte de una vida simplificada.

Perdonar no es un proceso sencillo. Perdonar significa estar consciente del daño recibido, sufrir lo que nos han hecho, y aun así al final liberamos a la otra persona, la dejamos ir, no por su bien, sino por el nuestro.

En este tipo de ofensas intermedias no hay una solución rápida. El perdón en el tiempo de Dios es la única puerta a la sanidad. Pueda ser que en estos casos el perdón lleve tiempo, pero al final del día es la única salida viable que genera paz.

Mateo 18. “15Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano. No importa quién haya causado la ruptura relacional, tú debes dar el primer paso. No importa si es problema de la otra persona, o tu problema, o de ambos, o de ninguno; tú debes iniciar el intento de reconciliación. SI hay fricción en tu relación, o cualquier crisis, Jesús dice: Ve, da el primer paso.

Ojo, Jesús nos dice que vayamos solos, no hagamos un “pancho” antes diciéndole a todo el mundo lo que la otra persona nos hizo. No le cuentes a nadie los detalles de la problemática. Cuando te acerques a alguien que te ha herido, hazlo con un espíritu de reconciliación.

Injusticias que destrozan la vida

Este tipo de agravio son tan fuertes y profundos que destruyen la vida, puede ser una tragedia impensable que cambia tu vida. Por la misericordia de Dios, no todas las personas vivirán una ofensa de categoría 3 en su existencia.

La persona que sufre este tipo de agravio, no es que ya no sea la misma persona, sino que es la misma pero con un montón de dolor, y donde vaya lo lleva con él. Estos agravios son ocasionados por tragedias de muerte, por pérdidas y daños ocasionados a la humanidad de una persona por culpa de otra. Acá se dan los casos de las víctimas de abuso sexual que perdonan a sus abusadores, adictos recuperados enmendándose con la familia devastada que les perdonaron. Por lo gracia de Dios, el perdón genuino por las ofensas de esta categoría es posible. Es un trabajo duro, y difícilmente pasa de la noche a la mañana.

El perdón radical es poderoso. Corta la respiración. Un corazón normal buscaría venganza. Jesús fue el modelo de este tipo de corazones cuando perdonó a sus asesinos mientras lo estaban matando. ¿Qué transforma el corazón de esa manera? Comienza cuando experimentamos el perdón de nuestros propios pecados por medio de la Cruz de Cristo. Conocer nuestros defectos delante de un Dios santo nos capacita a su vez para elegir un perdón radical. Lucas 7. “47Por lo cual te digo que sus muchos pecados le son perdonados, porque amó mucho; mas aquel a quien se le perdona poco, poco ama. 48Y a ella le dijo: Tus pecados te son perdonados”. Comprender del todo el perdón radical que Dios nos extendió mientras éramos todavía pecadores supone a su vez un cambio de corazón. Es mucho más fácil ofrecer perdón a los demás cuando somos totalmente conscientes de cuánto nos ha perdonado Dios a nosotros.

Cuando tu corazón se llena a diario de la generosidad del Padre, comprendes las alternativas a la hostilidad, la amargura y la búsqueda de venganza. Para este tipo de ofensas el perdón es un proceso de por vida. No permitas que la falta de perdón te haga esclavo. Ayuda tener clara aquella oración de Jesús en la cruz. Lucas 23. “34Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”.

Cuando pasas de herido a sanado, pasas a una vida más simplificada.

2020 Noviembre 08. Domingo 07 am, un sermón de Josué M Guzmán. Predicado en Misión Buenas Nuevas.

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