sermones

Miedos Conquistados

Es probable que podamos lucir bien por fuera, pero estar al borde del derrumbe por dentro por dejar que nuestros miedos tomen control...

Salmos 34. “4Busqué a Jehová, y él me oyó, Y me libró de todos mis temores”.

Pueda que en nuestra vida hayamos tenido éxito simplificando unas áreas importantes, y probablemente podamos lucir bien por fuera. Pero si el miedo corre a sus anchas debajo de la superficie, estamos a punto de derrumbarnos igual que una pared podrida. Simplificar nuestras vidas también significa eliminar los focos de miedo allá donde acechen.

A Dios le gusta que el hombre viva sin miedos, experimentando paz. Si ponemos atención, desde Génesis hasta Apocalipsis encontramos una y otra vez referencias que dejan marcado el deseo de Dios de un mundo libre de miedo y lleno de paz.

En Números, Dios ordena a Moisés que dé esta bendición que encontramos en Números 6. “22Jehová habló a Moisés, diciendo: 23Habla a Aarón y a sus hijos y diles: Así bendeciréis a los hijos de Israel, diciéndoles: 24Jehová te bendiga, y te guarde; 25Jehová haga resplandecer su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia; 26Jehová alce sobre ti su rostro, y ponga en ti paz”. La paz fue uno de los últimos dones que Jesús impartió a Sus discípulos antes de su asunción. Juan 14. “27La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo”. Un poco más adelante en el mismo evangelio podemos leer en Juan 16. “33Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo”. También podemos observar que Juan y Pablo se refieren a shalom en su comunicación a la iglesia primitiva. Filipenses 4. “6Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. 7Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús”. y leamos también las hermosas palabras de Juan en 1 Juan 4. “17En esto se ha perfeccionado el amor en nosotros, para que tengamos confianza en el día del juicio; pues como él es, así somos nosotros en este mundo. 18En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor”. Esto es una muestra pequeña de los muchos pasajes bíblicos que hablan acerca de shalom. Esto deja claro que Dios desea paz para el mundo. El miedo no puede gobernar en los corazones de la gente que permite que Dios reine completamente.

Con todo esto surge una pregunta: ¿Dónde está la paz? Si nos sinceramos podemos encontrar unos focos de miedo escondidos en nuestro interior. Yo tengo varios miedos. Conozco muy pocos que andan por ahí con “una paz que sobrepasa todo entendimiento” en sus corazones. ¿Qué será que muy pocas personas experimentan paz?

El miedo es la muralla que impide la entrada a la paz, y es un repelente para tener una vida simplificada. El miedo te hace débil. De nada vale simplificar los calendarios, nuestras relaciones, las finanzas, y cosas por el estilo; cuando el miedo atropella, todo se derrumba. No importa lo fortalecidos que luzcamos por fuera, nos quebraremos si el miedo se ha colado bajo la piel de nuestra vida.

Todos tarde o temprano nos topamos con destructores de paz que nos roban el shalom que Dios quiere para los suyos. Los destructores de paz son fuerzas o circunstancias que sacuden nuestra tranquilidad interior. Se inmiscuyen dentro de nosotros sin tener invitación a pasar. Incitan al miedo y causan ansiedad. Y cuando tratamos de no prestarles atención, toman más fuerza y nos ponen en riesgo de derrumbe. Algunos de estos destructores de paz son: la crisis de una relación, malas noticias inesperadas, la presión económica, un fracaso moral, la muerte acechadora. Es probable que estemos atrapados en alguno de ellos ahorita.

Malas noticias inesperadas

Un telefonazo, una carta, un correo electrónico marcado como “urgente”, los resultados de unos exámenes médicos, un timbrazo un domingo en la tarde, una carta de despido un treinta de mes. En pocos segundos, las malas noticias te golpean en la cara, y las tranquilas aguas de tu mansa vida se convierten literalmente en un tifón. Ahora la tragedia y el caos quieren reinar. Desearíamos retroceder el reloj y deshacer lo que ha pasado, pero ya no tenemos control, shalom se ha marchado.

Fracaso moral

Cuando cruzas una importante frontera moral, la ola de miedo, remordimiento, culpa y vergüenza que inunda tu alma arrasa con cualquier sensación de paz que alguna vez hubo allí. La última vez que cedimos ante cierta tentación, nos sentimos tan culpables delante de Dios, tan llenos de ansiedad y vergüenza, que le confesamos el pecado y le decimos: “Señor, esto nunca volverá a pasar. Voy a vivir en tus caminos. No volverá a pasar”.

Sin embargo cuando la tentación te coquetea nuevamente, haces el mismo salto mortal en el mismo abismo. Te pones furioso contigo mismo, y te sientes sucio y avergonzado. Esa idea de paz con Dios se ve muy distante y perdida para siempre. Surgen las palabras juicio, vergüenza, esconderse, secreto y miedo. Pocas cosas hacen pedazos nuestra paz como un fracaso moral.

Mortalidad inminente

Todos algún día llegaremos a un momento en que nos enfrentaremos cara a cara con nuestra propia mortalidad.

Es probable que ya vivas con serias dificultades físicas. Pueda que haya un informe médico un tanto negativo escondido en casa. Quizá has llegado a la mediana edad y te das cuenta que ya no eres un jovencito con toda una vida por delante. O pueda ser que hayas llegado a una edad donde difícilmente llegarás a cumplir diez o cinco años más. ¿Cómo dejar que la paz de Dios reine cuando sabemos que pronto nos vamos a morir? Esa es una fuerte tensión para muchos. Una inminente mortalidad puede ser una destructora de la paz.

Los destructores de paz como las malas noticias, las malas rachas económicas, las crisis relacionales, los fracasos morales y nuestra inminente mortalidad tienen un alto poder de evitar que la paz de Dios se establezca en nuestras vidas.

Pero, ¿qué haces cuando un destructor de paz irrumpe en tu vida? ¿Abandonas la idea de paz? ¿Te resignas a vivir con un grado comedido de miedo y la sensación siempre presente de ansiedad?

Creo que podemos hacerlo muchísimo mejor. Puedes vivir en shalom a pesar de los destructores de paz que intentan soterrar tu vida. Puede ponerte en pie y luchar.

Miedo Constructivo

Sonará chocante lo que diré, pero a veces el miedo es algo bueno. No se debe luchar contra algunos miedos; se les debe hacer caso. Son los miedos constructivos. Cuando te pone nervioso manejar un auto en una noche de tormenta, este miedo permite que no te vayas a estrellar. Cuando te preocupas por un examen de la escuela, sea como sea ese miedo te motiva a prepararte mejor. Un poco de miedo te ayuda a valorar una oportunidad.

Cuando evitas con éxito una tentación porque temes el daño que podría causar, ese miedo te mantiene alerta y centrado en las consecuencias de tus acciones.

Sé perfectamente que hemos fallado a la hora de hacer caso a la sabiduría que nos da los miedos constructivos, sobretodo cuando somos jóvenes. Yo hace algunos años cometí la estupidez de arriesgar mi vida cruzando un hoyo profundo a través de un tronco. En ese instante me pasó igualito que el rey Belsasar en Daniel 5. “6Entonces el rey palideció, y sus pensamientos lo turbaron, y se debilitaron sus lomos, y sus rodillas daban la una contra la otra”. Este rey estaba “muerto de miedo”, igual que yo solo de pensar que tenía que cruzarlo nuevamente.

El miedo constructivo no solo nos advierte de daños físicos, sino que también intenta alertarnos de daños más profundos y espirituales. Mateo 10. “28Y no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno”. La verdad que debemos vivir con un ojo puesto en la eternidad. El verdadero éxito finalmente es acabar en el cielo.

Miedo Destructivo

Este tipo de miedo a diferencia del constructivo, nos paraliza, no nos protege de peligros razonables ni nos llama a ponderar la eternidad con actitud seria. Este miedo merma nuestra calidad de vida. Silencia nuestro gozo, y nos roba la satisfacción. Imagina a Pablo, temiendo la resistencia o el rechazo, eligiendo estar guardado sano y salvo en su casa en vez de dirigirse a los viajes misioneros que llevaron el mensaje de Jesucristo a muchos lugares.

Imagina a un David con miedo de lo que le podía hacer el gigante. Imagina a los amigos de Daniel con miedo de morir en el horno de fuego. Pablo nos dice en 2 Timoteo 1. 7Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio”. Dios no quiere timidez en ti, quiere que vivas con un espíritu de poder, amor y una mente serena. Él quiere ayudarte a conquistar las preocupaciones fatigadoras que nos ahogan.

Cuando tú haces tu parte, Dios hace la Suya. Prepárate para el trabajo duro. Debemos de comprender el origen del miedo. Debemos entender también cómo exponer las mentiras del miedo. El miedo prospera en el engaño. Juan 8. “44Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. Él ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira”. También debemos aprender a cómo afrontar el miedo cara a cara.

El único camino por el que derrotarás tu miedo es sosteniéndote a la mano de Dios y enfrentarte a lo que temes. Finalmente hable palabras de verdad. La verdad vence, siempre. Salmos 34. “4Busqué a Jehová, y él me oyó, Y me libró de todos mis temores”. Mire las palabras que Dios le dijo a Josué en Josué 1. “5Nadie te podrá hacer frente. en todos los días de tu vida; como estuve con Moisés, estaré contigo; no te dejaré, ni te desampararé”.

Y por favor NO dejemos de orar. Presenta tus peticiones a Dios. Dile a Dios exactamente qué quieres que haga. Si tienes duda en algo en tu vida, díselo a Dios, habla con Él.

Es hora de que te enfrentes a tu miedo. Has sufrido demasiado tiempo bajo la tiranía de la ansiedad y el miedo. Haz de hoy un momento decisivo de tu vida.

2020 Noviembre 15. Domingo 07 am, un sermón de Josué M Guzmán. Predicado en Misión Buenas Nuevas.

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